¿Qué esta ocurriendo con las famosas cabinas telefónicas de Londres?

Las emblemáticas cabinas telefónicas de la ciudad de Londres sufrieron durante varios años del vandalismo y abandono de la población debido a la era del teléfono celular. Pero no más, gracias a empresas como la Red Kiosk Company.

Miles de cabinas telefónicas en el Reino Unido ahora disfrutan de una nueva vida gracias a las alternativas de uso que se les está dando: fueron convertidas en cafés, mini restaurantes, bibliotecas, galerías de arte, centros de información y hasta en una tienda de sombreros.

Te recomendamos: Una app consigue asientos en el metro para embarazadas… solo en Japón

“Buscamos alternativas” para responder a las necesidades de la gente, dijo Mark Johnson, encargado de teléfonos públicos de BT, y quien asegura que seguir manteniendo las cabinas solo resulta para la compañía en un déficit económico.

Los datos no mienten: su mantenimiento cuesta anualmente alrededor de 6 millones de euros. Al día se hacen 30 mil llamadas desde las cabinas, lo que representa una fuerte caída de más de 90 por ciento en 10 años.

En 2002 había cerca de 92 mil teléfonos públicos en todo el Reino Unido, ahora sólo quedan 42 mil, de los cuales BT prevé suprimir 20 mil en los cinco próximos años.

El objetivo no es eliminar a las icónicas cabinas rojas, sino, como dice Mark Johnson, de “preservar el patrimonio del Reino Unido”.

Ahora, varios cientos de cabinas sirven como cafés, restaurantes, cajero automático, puntos de wifi gratuitos y BT analiza destinar algunas a puntos de recarga para vehículos eléctricos.

Otras son renovadas y vendidas a coleccionistas en 3 mil euros, o cedidas por un pago simbólico a ayuntamientos y asociaciones que les darán un buen uso. Este programa ha permitido salvar a más de 5 mil cabinas.

La firma Red Kiosk Company, que da una parte de sus ingresos a asociaciones de ayuda a quienes duermen en la calle, es una de las beneficiarias. Con este programa de rehabilitación ha comprado 124 cabinas rojas, las cuales alquila por un modesto pago de 410 euros al mes.

“Al mismo tiempo que se salva una obra histórica, se crea empleo y se regenera un lugar”, declaró Edward Ottewell, director de Red Kiosk Company, quien lamentó que los permisos administrativos a veces son difíciles de obtener.

El modesto alquiler da la chance a jóvenes empresarios de lanzar sus proyectos, en una ciudad como Londres, donde tener el dinero suficiente para rentar un local puede ser imposible por los altos costos.

“Es el único lugar que podemos permitirnos, porque es sólo un metro cuadrado”, dijo en tono de broma Ben Spier, fundador del bar de Bloomsbury Square.

“Un día me preguntaron si no sentía claustrofobia”, dijo por su parte un técnico de reparación, Fouad Choaibi, quien trabaja en una cabina equipada de una pequeña mesa, estanterías para las piezas y una pequeña estufa.

“Respondí que con dar un solo paso ya estoy fuera de la oficina”, añadió sonriendo.